Huir a las 4 a.m.

Se había quedado solo, totalmente solo, sin nadie en quién confiar, aquellos hombres que le prometieron tantas cosas lo traicionaron de la manera más vil, si no hubiera sido por un tipo de chaqueta verde estaría perdido o muerto. Caminaba perdido entre las calles oscuras de la ciudad, entre los callejones llenos de cubos de basura y gatos que buscaban algo que comer, no veía gran cosa, unas cuantas paredes, ventanas con vidrios rotos y puertas de madera despostilladas, había también vagabundos durmiendo junto a las paredes de ladrillo descarapeladas. Decidió que lo mejor era salir de ahí, incluso largarse de la ciudad.

-Si me encuentran terminaré muerto.-se acomodó el saco viejo para cubrirse de la llovizna.-Apesta este lugar.-dijo caminando un poco más rápido sin importarle pisar los charcos, buscando con su mano que el revolver aún estuviera en su lugar.-Bien, ahora hay que pensar a dónde ir.-salió a la avenida principal y la luz blanca de las luminarias lo deslumbró.-Joder.-dijo cubriéndose los ojos con la mano mientras su vista se acostumbraba. Sin importarle que la lluvia se había intensificado, y le empapaba la ropa, caminó rumbo a la terminal de autobuses y consultó la hora. –Mírate, quién diría que a las cuatro de la mañana de un lunes te daría por huir.-guardó sus manos en los bolsillos del pantalón y siguió andando.

Pensaba en tantas cosas que no se percató de los primeros ruidos de la madrugada, estaba totalmente confundido.-Date por vencido.-se dijo al pensar que no encontraría un lugar seguro, lo buscaban, eso era claro, lo eliminarían y así terminaría su vida, lo supo desde que entró a trabajar con aquellos hombres.-No tenía otra opción.-pateó una lata vacía y doblo en una calle secundaría donde ya había gente aglomerada, faltaba poco para llegar a la central de autobuses.-Es lo único que pude hacer… después de que murió.-pensó en su madre, aquello lo entristecía un poco aunque se sintió tranquilo, después de todo ella estaba mejor así, la enfermedad que la había matado la estaba haciendo sufrir al punto que incluso el sacerdote de la iglesia local le había dicho que era lo mejor. Suspiró al tiempo que entraba a la central de autobuses, los guardias no le quitaban la mirada de encima e incluso se dijeron algo a modo de señas.-

-No soy ningún vagabundo.-dijo mostrando el carnet falso que consiguió cuando era menor de edad.-Además está lloviendo bastante fuerte, venía caminando desde la estación de tren y no conté con que lloviera de ésta manera.-uno de los guardias había bloqueado la entrada.

-Bien señor, disculpe.-el guardia se hizo a un lado y lo dejó pasar.-Ha habido bastante vago queriendo dormir aquí dentro.-

-Yo no vengo a dormir.-dijo haciéndose el ofendido.-¡Qué no ve mi carnet!-se lo puso en los ojos.-Soy un prestigioso investigador y en menos de treinta minutos sale mi autobús.-fingió estar bastante molesto.-

-Señor…-el guardia entrecerró los ojos para poder leer lo que decía el carnet.-Hitachi

-El mismo.-dijo con indignación.-¿Me va a dejar pasar o no?-el guardia se volvió a ver a sus compañeros que guardaban silencio cómo queriendo encontrar una respuesta.-

-¿Qué sucede?-preguntó entonces una voz femenina detrás de él.-¿Por qué hay tantos guardias en la entrada?-

El falso Hitachi volvió la vista, había una chica de pie unos cuantos pasos detrás de él.-Un mal entendido, señorita.-dijo el guardia que había bloqueado la entrada.

-¿Un mal entendido?-ella pasó de largo sin mirarlo.-Si tienen algún problema deberían solucionarlo en otro lugar, aquí hay gente que tiene que llegar a abordar su autobús.-y cruzó la puerta, el detector de metales emitió una alarma casi insonora y una luz verde.-

-Disculpe, señor Hitachi. Jamás volverá a pasar.-

-Eso espero.-dijo apretando los dientes y guardó el carnet.-Ahora tienes que buscar dinero, comprar un billete y largarte de aquí lo antes posible.-pensó ignorando las disculpas de los guardias.

Al entrar a la central se quedó mirando la casi vacía sala de espera.-Y yo que tenía planes de pasar aquí el resto de la mañana.-buscó dinero en su bolsillo y sintió un billete.-El último que me queda.-se acercó a la primera ventanilla que vio, estaban formadas cerca de cinco personas. Leyó el letrero, el autobús más próximo salía en quince minutos.-Ése será.-dio un paso pero su pie se topó con un bulto y un ruido sordo se dejó escuchar.

-No tiene porque hacerlo.-escuchó una voz amable cuando se agachó con la intención de levantar la maleta, él alzó un poco la vista.-Le pido una disculpa.

-Pero si yo la tiré.-la pudo ver bien, era una chica bonita y sencilla. Llevaba el cabello agarrado en una coleta algo despeinada, no llevaba maquillaje pero unos lentes de pasta verde se anteponían a sus ojos, por cierto, eran negro azabache y la nariz un poco chata.-Déjame ayudarte.-dijo y de la manija tomó la maleta para levantarla.-Dios, qué cargas.-con un esfuerzo mayor la puso de nuevo sobre sus cuatro ruedas.

-Gracias, de verdad no lo hubieras hecho.

-Bueno, ya lo hice.-sonrió sin darse cuenta.

-Siguiente.-dijo una voz chillona haciendo que aquel momento se rompiera, la chica se volvió a la taquilla, sacó de su bolsa una cartera que parecía de mezclilla y compró el billete de autobús. El falso Hitachi trató de escuchar el lugar a donde iría la muchacha.

-Buen viaje.-le dijo ella saliendo de la fila y jalando la maleta.-Qué tengas suerte.-se despidió de él y se alejó hasta perderse en el anden siete.

Sin pensarlo dos veces compro su billete de autobús al mismo lugar que había pedido la chica, no sabía por qué, pero eso le hizo sentirse tranquilo y olvidarse por un momento de que no tenía idea de lo que pasaría después.-Gracias.-tomó el billete, se echo el cambio al bolsillo y se dirigió hasta el anden número siete. Al final del anden justo en la puerta de abordaje un muchacho de no más de veinte años le pidió el billete.

-Su autobús es el 318.-dijo con voz monótona devolviéndole la mitad del billete.

-Gracias.-dijo subiendo los tres escalones del autobús, arrugó el billete entre su mano y buscó con la mirada un lugar disponible, por suerte encontró uno y fue a sentarse en la tercera fila de lado de la ventana izquierda. A la chica no la encontró.

-Seguramente abordo un autobús diferente.-se dijo quitándose el sombrero y sacudiéndose el cabello con la mano. Recargó su cabeza en la ventanilla y se puso el sombrero sobre las piernas sujetándolo con las manos, cerró los ojos y el cansancio lo venció. 

Sumire Daisuke (o Lalaith Jigen)

Junio 2013

Nota:  Tengo la inquietud de continuarla aunque a veces lo dudo.

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