Caminaba lentamente por entre los pasillos de aquél edificio enorme donde se albergaban las ideas que posiblemente nunca cambiarían al mundo, más bien los hombres indiferentes a su realidad. Su paso era lento, pues buscaba encontrar ahí a alguien que le hiciera sonreír, sin embargo, lo único que encontraba era un montón de hombres-máquina, hombres con la vista frente a una pantalla y sin ningún interés por lo que sucedía a su alrededor.
El joven continuo su camino hasta llegar al estrecho elevador, presiono el botón verde el cuál se encendió casi inmediatamente, las puertas corredizas se abrieron y dejaron ver aquella prisión que los hombres siempre usaban para evitarse un largo camino por las escaleras. Suspiró y entró a aquella caja metálica, nadie más entró después de él. Se vio reflejado en el espejo del elevador, o mejor dicho, en los tres espejos; su reflejo le mostraba alguien delgado, con el rostro oscurecido por una sombre que lo atormentaba. Golpeó fuertemente uno de los espejos; no podía creerlo, todo lo que había pasado, si no hubiese sido tan estúpido, si tan solo hubiera pensado las cosas.
-Las cosas serían distintas.-le dijo a su reflejo.- ¿Qué es lo qué hiciste mal?
-Tal vez la solución sea volver atrás.-repuso, para su sorpresa, su reflejo a quién el rostro se le iluminó.
-Volver atrás, es mejor esperar las consecuencias.-su voz sonó desesperada.-
-Volverías atrás para olvidarte de las consecuencias de tus actos.-dijo el reflejo.
-Olvidaría todo lo que he logrado. He alcanzado más cosas que cualquiera en este lugar.-
-Y te has arrepentido bastante.
-Abrí los ojos, eso es todo.-
-Sin embargo, te arrepientes.-dijo el reflejo insistente.-
-Me arrepiento porqué lo he perdido todo.
-Has ganado lo que deseabas desde hace años.
-Perdí todo lo que amaba.-se defendió.
-Lo que amabas fue efímero, lo sabes bien.-
No dijo ni una palabra más el joven, únicamente siguió observando su reflejo que sonreía burlonamente, él había perdido la batalla.-
-Si regreso, seré uno de ellos… y todo mi ser desaparecerá.-miró los números que indicaban los pisos en el elevador, se iluminaban en forma ascendente.-Estoy por llegar al último destino.-
-Y estás solo.-
-Siempre lo estaré, es el precio que tengo que pagar-dijo justo cuándo el elevador se detuvo, sin mirar atrás, sin si quiera escuchar lo que su reflejo repetía a sus espaldas el joven salió del elevador decidido. Olvidaría aquello que dejo atrás.
- Yola Reyes
diciembre 4, 2011 at 7:07 pm
Qué grande eres Yolita.
Dije suficiente.
Me encantó. Gracias por ésto