-Ni yo sé cuantas semanas han pasado.-pienso mirando los árboles pelones en el camellón de la avenida, el frio se deja sentir por las corrientes de aire que se cuelan por la puertas de esta cafetería. Tiene pocos minutos que llegué y me senté aquí, en este lugar preciso, el que está a un lado de la ventana ¿Por qué lo hice? Ni yo lo sé, tal vez por ver a las parejas que en estas fechas se pasean más ‘abrigadas’ que nunca o por ver simplemente a los padres comprando los regalos para los niños que esperan emocionados en casa.

-¿Estás lista para ordenar?-interrumpe una voz mis pensamientos, sin pensar giro mi cabeza hacía y miro al chico de la cafetería.

-Si-afirmo y de nuevo leo la carta, decido por fin la bebida y el chico toma nota.-

-Un momento.-dice y se retira. De nuevo me pierdo en los pensamientos. Me digo que ni yo sé cuantos días han pasado desde que aquella llamada marco nuestros rumbos a seguir. De vez en cuando me asalta esa duda de ¿Qué será de él? ¿Qué pensará de mí? Pero también me digo ¿Qué sería de mí si hubiésemos seguido con esto? Nadie lo sabe, ni si quiera yo. Me alegra el hecho de estoy dispuesta a seguir adelante a pesar de las heridas, porque si, tengo algunas heridas que de a poco se cicatrizan, de que a pesar de todo las cosas han empezado a tomar su curso y vuelvo a recordar que soy feliz y que puedo encontrar alegría hasta en las cosas que uno nunca imagina.

-Aquí tienes.-dice de nuevo una voz, pero ahora me parece un poco cálida. Sonriente le doy la gracias por la taza de café, él se va. Vuelvo mi vista hacía el ventanal, no ha cambiado nada, salvo por un par de vehículos estacionados o un policía dirigiendo el tránsito, y como no hay mucho que ver revuelvo el café con la cuchara ‘chiquita’, el café dando vueltas de pronto me recuerda cosas, muchas cosas que han pasado alrededor de una tacita de café; me vienen la mente los encuentros con amigos, con familiares y porque negarlo, también con él; siento un pequeño hueco en el pecho al pensarlo, tal vez porque la realidad, tal vez porque me duele no conocer la verdad o porque ni siquiera hubo una explicación lógica, sin embargo, no puedo regresar el tiempo y mucho menos retroceder los pasos que di después de aquel golpe. ¿Qué tan fuerte puede llegar a ser una persona después de que le rompen el corazón? ¿Qué tanto te cambia? –me pregunto mientras observo como el chico de la barra prepara un par de capuccinos. Acepto el hecho de que sino me hice más fuerte, creo que más bien cambie, me di cuenta de que ahora sabré como actuar en situaciones donde uno se juega los sentimientos y sobretodo el amor. Sí uno se juega los sentimientos, es cierto, cuando uno deja todo o casi todo por alguien y a veces parece que uno pierde después de tantas batallas, después de luchar tanto.-Pero gané-sonrío para mis adentros, en verdad creo que gane o al menos yo no perdí. Sonrío de nuevo pero ahora levantando la mano un poco tratando de que el chico me haga caso, pues necesito que me de la cuenta del café.

-¡Hola!-dice bromeando y hace ademán de saludarme, y se ríe, sin darme cuenta creo que me rio con él.-Aquí tienes.-dice sonriendo ampliamente y me extiende una nota.

-Gracias-le digo sonriendo, me pongo de pie, doy un último sorbo al café y pago la cuenta.

Yola Reyes

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