El clima no había cambiado mucho, hacía más de dos días que la ciudad se encontraba entre la humedad y el frio, los charcos se dejaban ver por todas las calles y avenidas importantes, en la superficie de los automóviles las pequeñas gotas de agua vibraban con la brisa del aire y en la ventana la lluvia chocaba con un leve rumor.
Tenía los ojos fijos en aquella ventana disfrutando ver las gotas chocar contra el cristal, se concentraba en contar cuantas recorrían el camino hasta el marco o cuantas más se fusionaban con otras o se quedaban suspendidas sobre el cristal- Al menos contar gotas es mejor que contar mis lágrimas.- se dijo y movió la cabeza levemente, dando un suspiro cerro los ojos-¡Maldita sea! ¡Más lágrimas!-pensó enojada, sus ojos comenzaron a humedecerse y las manos le temblaron, trago saliva, no quería llorar de nuevo, no quería más lágrimas por él, no quería hacerlo-Juraste jamás derramar lágrima alguna por un amor.-fueron las palabras precisas que le dijo su cerebro, su razón. Con sus manos temblorosas se enjugo las pocas lágrimas que rodaban por sus mejillas, sin hacer mayor esfuerzo se dejo caer a la cama y perdió su miraba en el techo descolorido de su habitación, respiro hondo y cerro los ojos; dejo que la tranquilidad la invadiera, que su cerebro al menos por ese momento se desconectara de la realidad, que sus labios no recordaran aquellos besos tan dulces.-Juraste no recordar sus besos, juraste no amarlo jamás.-volvía a repetir la maldita razón en medio del silencio. Sacudió la cabeza.- Deja de pensarlo, deja de añorarlo, él se fue-dijo en voz alta y después gritó, gritó hasta quedarse sin aliento, gritó golpeando la almohada, gritó derramando lágrimas, gritó esperando que el tiempo regresara. Con los puños apretados se paro frente al espejo-¡Llámalo!-hablo su reflejo-¡Ni pienses en hacerlo, él es el culpable!-esa maldita razón-¡Maldita sea!-gritó ella dejándose caer al suelo destrozada de nuevo por el llanto.
La habitación estaba a oscuras y en silencio, esa noche ni siquiera había encendido la radio como era su costumbre, lo único que podía escuchar eran los ladridos del perro que acostumbraba a rondar su pórtico; abrazado a sus rodillas y con la espalada recargada en la fría pared, sus ojos están perdidos en la oscuridad que lo rodeaba. Aún tenía los ojos húmedos, la garganta entre cortada y ese maldito sentimiento que lo invadía-Es que todo termino tan rápido, todo paso en tan poco tiempo-se repetía sin dejar de pensar en la discusión del día anterior, apretó sus puños y se abrazo más fuerte-No quiero perderla, no quiero dejarla ir-dijo rompiendo el silencio, sin pensar las cosas se puso de pie y tomo el teléfono, marco rápidamente un número y espero, espero, espero, espero, espero… nadie contestaba.
Sonó el teléfono una, dos, tres, cuatro, cinco, seis… perdió la cuenta, ella no contesto, no contesto, no se atrevía a contestar, sabía de quien se trataba.- ¡No contestes, sé fuerte!-se repetía en voz alta viendo el teléfono. Se puso de pie, dejo que el teléfono siguiera timbrando, aunque aquel sonido ya la había desesperado, pareciera como si el aparato quisiera gritar, se estuviese muriendo por dentro, quisiera que fuera contestado… -eso no sucederá.-pensó.-al menos hoy no sucederá. Salió entonces de su habitación, dejó que el teléfono siguiera sonando… rogando ser contestado. Caminaba en la calle, lluviosa, sin pensar nada, sin sentir nada; dejó que sus pies la guiaran bajo aquella llovizna, aquel aire frio que le cortaba la cara, que le hacía sentirse viva…
-¿Perdonarlo?-pensó ella mientras caminaba por alguna callejuela.- Perdonarlo, después de todas las heridas que me ha hecho, después del daño que me ha causado… después de que lo único que me dejo fueron sus ausencias, sus silencios…-siguió caminando.- Después de tantos pretextos… Después de que yo lo busqué tantas veces…-ahora iba por una avenida, el ruido de los automóviles le hizo alzar la cabeza y de pronto se encontró con un rostro poco conocido, había visto a ese chico dos o tres veces cerca de su pórtico, no le dio mayor importancia, el chico parecía estar más bien distraído esperanzo el cambió del semáforo.- En verdad lo quiero… fueron momentos maravillosos, momentos que no se repetirán jamás… momentos que viví solo con él.-atravesó la avenida y dio un suspiro.- ¿Cuántos momentos hubo de felicidad?-se preguntó.- ¿Cuánto sufrí por él?… No puedo seguir con esto, me llamará (me está llamando) para poder arreglar las cosas… arreglar las cosas con besos, con caricias… ¡Así no se arregla nada!-pensó enojada recordando aquellos besos, aquellos momentos en los que más bien el deseo de los dos era lo que los controlaba.- ¡No! ¡No! No puedo dejar que regrese a mi, no puedo dejar que me vuelva a lastimar…-dijo decidida.- No dejaré que me quites más esa tranquilidad.-se decía.- Es mejor dejarte ir…-siguió andando por un par de horas más, su corazón estaba más ligero y hasta por primera vez en días sonrió. Cuándo llegó a casa el teléfono ya había dejado de sonar.
diciembre 6, 2010 at 5:03 am
Ay mi vida santa, qué pedazo de escrito tan más conmovedor. Gulp. Hasta le puse pausa al Goo Goo Dolls
El final lo adoré. Gulp.
diciembre 6, 2010 at 11:07 pm
Mi Yola!, has reflejado claramente lo que se siente cuando se siente eso que estás sintiendo… Pasará ya verás…